
Pese a haber conquistado a miles con su interpretación de Juan del Diablo en Corazón Salvaje y haber brillado en clásicos como El Derecho de Nacer, Enrique Lizalde decidió trazar un camino muy distinto al de otros íconos de la televisión. Lejos del escándalo, la frivolidad o la autopromoción, Lizalde prefirió cultivar un perfil discreto, donde lo único que importaba era el arte de actuar.










