
En medio de una nueva ola de redadas por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la ciudad de Los Ángeles vive un ambiente de temor generalizado. Más de 10 mil comerciantes ambulantes han dejado las calles por miedo a ser detenidos, incluso aquellos con documentos en regla.
Según diversos testimonios, el pánico ha alcanzado a trabajadores legales que temen ser confundidos, arrestados o deportados sin razón. Las zonas más afectadas incluyen mercados callejeros, puestos de comida y áreas de concentración laboral como estacionamientos de tiendas y puntos de transporte.
Organizaciones locales han denunciado que los operativos son excesivos y han provocado una caída dramática en las ventas, afectando la economía de cientos de familias. Algunos negocios reportan pérdidas de hasta el 75 %, equiparables a los momentos más duros de la pandemia.
Mientras tanto, grupos comunitarios han comenzado a organizar redes de protección, apoyo legal y distribución de alimentos, exigiendo el fin de estas tácticas que consideran “hostiles y desproporcionadas”.
La situación ha generado críticas a nivel nacional, mientras defensores de derechos humanos insisten en que se respete el debido proceso, incluso en casos migratorios. La incertidumbre, sin embargo, persiste entre quienes, aun teniendo documentos legales, hoy temen salir a trabajar.
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